Cuando hablamos de salsa de soja solemos pensar en un único producto, pero en la tradición japonesa hay varias. Las dos más conocidas fuera de Japón son el shoyu y el tamari. Se parecen, comparten base y se usan de forma similar, pero cada una tiene su carácter. En ecoBASICS trabajamos con las dos y os contamos qué las diferencia.
Ambas son salsas fermentadas. Se elaboran a partir de habas de soja, agua y sal, y su sabor profundo se debe a una fermentación lenta en la que intervienen microorganismos. Ese proceso es el que genera el gusto salado y sabroso que en japonés se llama umami y que realza casi cualquier plato.
La gran diferencia está en el trigo: el shoyu lo lleva y el tamari, tradicionalmente, apenas o nada.
El shoyu se elabora con soja y trigo a partes similares. El cereal le aporta un aroma más redondo y un punto ligeramente dulce, y su textura es más fluida. Es la salsa de soja más habitual en la cocina japonesa y la más versátil del día a día.
El tamari nació históricamente como el líquido que se obtenía durante la elaboración del miso, y se hace sobre todo con soja, con muy poco trigo o sin él. Es más oscuro, algo más denso y de sabor más intenso. Si evitas el gluten, revisa siempre la etiqueta, porque no todos los tamaris son iguales.
¿Cuál usar en cada caso? Una orientación sencilla:
- Shoyu para aliñar ensaladas, terminar un salteado o preparar una vinagreta oriental.
- Tamari para marinados, guisos largos y salsas para mojar, donde su intensidad luce más. También es un buen aliado para dar profundidad a un caldo de verduras.
Nuestra Salsa de Soja Shoyu Bio, en botella de 250 ml, es ideal para carnes, pescados, verduras, ensaladas y aliños. Y si quieres comparar, prueba también nuestra Salsa de Soja Tamari Bio. Con un par de gotas notarás la diferencia; eso sí, al ser salsas saladas, conviene añadir la sal del plato con mesura.