La espirulina se ha hecho un hueco en muchas cocinas en los últimos años, y es fácil reconocerla por su color verde azulado, tan intenso que tiñe todo lo que toca. Se vende sobre todo en polvo, aunque también se encuentra en comprimidos o en copos. Pero ¿qué es exactamente y cómo se puede incorporar al día a día? Te lo contamos.
Aunque solemos llamarla alga, la espirulina es en realidad una cianobacteria, un microorganismo que crece en aguas cálidas y alcalinas. Se cultiva en estanques, se recoge, se seca y se muele hasta obtener un polvo fino. Su consumo no es nuevo: en el México prehispánico se recogía en el lago de Texcoco, y en los alrededores del lago Chad se ha consumido tradicionalmente en forma de tortas secas.
Un poco basta: su color y su sabor son muy intensos.
Su sabor es potente, con notas que recuerdan al mar y a la hierba fresca, así que conviene empezar por poca cantidad, por ejemplo media cucharadita, e ir ajustando al gusto. Estas son algunas formas sencillas de tomarla:
- En batidos, con plátano, mango o piña, que suavizan su sabor.
- Mezclada con yogur o bebida vegetal y un poco de fruta.
- En bolitas energéticas de dátiles y frutos secos.
- En salsas verdes, pesto o guacamole, donde su color pasa desapercibido.
Te recomendamos añadirla en frío o al final de la preparación, para conservar mejor su color y su aroma. Y guárdala en un bote bien cerrado, lejos de la luz y la humedad. Para variar, prueba a mezclarla con un poco de zumo de limón y aceite de oliva en un aliño para ensaladas.
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