Hay alimentos que llevan miles de años alimentando a pueblos de todo el mundo y que, en las últimas décadas, han vuelto a nuestras cocinas con fuerza. La quinoa, el amaranto y el mijo son tres de ellos. En ecoBASICS los llamamos granos ancestrales, y os contamos qué tienen de especial y cómo cocinarlos.
Empecemos por una curiosidad: la quinoa y el amaranto se cocinan como un cereal, pero botánicamente no lo son. Se los conoce como pseudocereales, porque sus semillas se usan igual que las del trigo o el arroz aunque pertenecen a otras familias de plantas. El mijo, en cambio, sí es un cereal, y uno de los primeros que cultivó el ser humano.
Tres granos con historia que encajan de maravilla en la cocina de diario.
La quinoa real procede del altiplano andino de Bolivia. Antes de cocinarla conviene lavarla bien bajo el grifo, para retirar las saponinas, unas sustancias de sabor amargo que recubren el grano. Se cuece con 2 partes de agua por 1 de quinoa durante unos 15 minutos a fuego medio, y queda perfecta en ensaladas, como guarnición o en rellenos.
El amaranto, conocido como el oro azteca, tiene un grano diminuto y una textura algo gelatinosa cuando se cuece. Se prepara con 2 partes de agua por 1 de amaranto durante unos 25 minutos. Va muy bien en sopas, hervido solo o mezclado con otros cereales.
El mijo tiene un sabor suave y algo dulzón. Se cuece con 3 partes de agua por 1 de mijo, unos 15 minutos a fuego lento. Recién hecho y bien aireado recuerda al cuscús; si se cuece con más líquido, queda cremoso y sirve para croquetas, hamburguesas vegetales o incluso desayunos.
Los tres son una buena manera de variar la despensa y salir de la rutina del arroz y la pasta. Puedes cocer una cantidad generosa al principio de la semana y guardarla en la nevera para montar platos en pocos minutos.
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