En pleno verano, con el calor apretando desde primera hora, encender el fuego para preparar el desayuno apetece poco. Por eso nos encanta la avena remojada de la noche a la mañana, lo que en inglés se conoce como overnight oats: se prepara en cinco minutos antes de ir a dormir y, al despertar, el desayuno está listo y fresquito en la nevera.
La idea es muy sencilla. Los copos de avena se dejan en remojo varias horas en leche, bebida vegetal o yogur, y durante la noche absorben el líquido y se ablandan sin necesidad de cocción. El resultado es una crema espesa y suave, a medio camino entre unas gachas y un postre. Y como se come frío, es un desayuno ideal para los meses de calor, cuando apetece algo ligero y refrescante.
Los copos finos son perfectos para esta receta: se hidratan antes y dejan una textura especialmente cremosa.
Para una ración, esta es nuestra base:
- 4 o 5 cucharadas de copos de avena finos.
- Un vaso pequeño de leche o de bebida vegetal, o una mezcla con yogur.
- Una pizca de canela y, si te gusta, un poco de sirope o de fruta madura chafada para endulzar.
Mezcla todo en un tarro de cristal, tápalo y guárdalo en la nevera hasta la mañana siguiente. Si al sacarlo lo ves demasiado espeso, añade un chorrito más de líquido y remueve. Después solo queda decorar: melocotón, albaricoque o higos en verano, frutos rojos, unas semillas o unos frutos secos troceados. Puedes preparar dos o tres tarros a la vez y tener los desayunos resueltos para varios días.
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